Caldo depurativo básico

Un reconocido naturista y conferenciante Adventista, el Dr. Juan Amigó Barba es el autor del que se considera el caldo depurativo básico más útil en la búsqueda de un cuerpo y espíritu más puros.

Compartimos esta receta divina, inspirada en los dones que el Señor nos ha otorgado a través de la naturaleza y que aparecen expícitamente en la Bíblia y en literatura cristiana.

Se trata en esencia de un caldo depurativo que no solo nutre nuestro cuerpo, sino que también nos conecta con la esencia de la creación.

Los ingredientes serían

  • 1 Cebolla entera, que simboliza las capas de nuestra vida que debemos descubrir.
  • 1 Tallo de apio, símbolo de resistencia y fortaleza.
  • 2 Hojas de lechuga o col, que nos recuerdan la frescura del Espíritu Santo pero se convierten en el principal elemento que dará cuerpo al caldo.
A estos tres ingredientes se le deben añadir dos más:

  • Ajo
Añadiremos al caldo 1 diente de ajo en la primera semana, 2 en la segunda y 3 en la tercera.

  • Limón
En la primera semana de las tres en las que debemos tomar el caldo a diario, por razón de 3 veces al día, se añade el jugo de 1 limón al caldo antes de beberlo. En la segunda semana, usa 2 limones y en la tercera, 3 limones.

El limón, con su sabor agrio, nos recuerda las pruebas de la vida, pero también su capacidad de purificación.


Preparación del caldo depurativo

En un litro de agua, hervimos los tres primeros ingredientes por 30 minutos, incorporando el Ajo. Primero añadimos el agua y puesta al fuego, incorporamos la cebolla trozeada, el apio y las hojas de lechuga o col. Finalmente el ajo, permitiendo que sus esencias se mezclen.

Tras esa media hora, colamos el caldo y lo tomamos como el agua de vida, un vaso 30 minutos antes de cada comida, tres veces al día.



Este tratamiento de tres semanas es un regalo para aquellos que buscan prevenir y desintoxicar su templo corporal. Pero recordemos siempre que, junto a este caldo, debemos alimentarnos adecuadamente, descansar, ejercitarnos y, sobre todo, mantener nuestra fe en Dios, nuestro Creador, quien desea que estemos en plenitud.


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